Buenos días, buenas tardes y buenas noches.
Ya he mencionado en otras ocasiones que la epidemia de ébola en la República Democrática del Congo tuvo un inicio fulgurante y que tratábamos de reducir esa distancia en la respuesta.
Ahora empezamos a ver señales alentadoras de que vamos ganando terreno.
En las zonas más afectadas de la provincia de Ituri, la transmisión ya desciende;
Kivu del Sur no ha notificado nuevos casos desde mayo;
más de 1700 personas se han recuperado;
y tras cuatro meses, la epidemia está mayoritariamente contenida en el noreste de la República Democrática del Congo, salvo un pequeño brote en Uganda que se frenó rápidamente.
No es una casualidad. Se debe al liderazgo del Gobierno de la República Democrática del Congo, la estrecha colaboración entre la OMS, los CDC de África y cientos de asociados, y al arduo trabajo de miles de trabajadores de la salud y personal de respuesta de primera línea.
Los ensayos de los tratamientos y de la profilaxis posexposición han empezado a acelerarse, debido a la mayor participación comunitaria;
y está previsto de los ensayos de las vacunas comiencen en las próximas semanas.
No se trata solo de un ejercicio científico. Ya estamos preparando la ampliación del acceso a los productos si se demuestra su eficacia en los ensayos.
Pero no nos equivoquemos. La epidemia sigue creciendo y sigue provocando muertes.
Se han notificado más de 7200 casos y más de 3500 muertes en siete provincias.
Aunque hay indicios de reducción de la transmisión en Ituri, se parte de cifras muy elevadas.
Solo en la última semana, se han notificado unos 300 nuevos casos y 160 muertes en Ituri, lo que representa casi la mitad del total nacional.
En Kivu del Norte, los casos aumentan con rapidez. En las dos últimas semanas, el número de casos semanales casi se ha duplicado, de unos 100 a más de 200.
La zona es tan vasta que es difícil hablar de una sola epidemia.
Se trata en realidad de muchos brotes en muchos lugares. Debemos dar la respuesta adecuada en cada uno.
Hay ciudades grandes, como Kisangani, donde viven 1,5 millones de personas, y aldeas remotas.
Hay zonas afectadas por conflictos, regiones mineras y tierras poco pobladas cerca de la frontera con Sudán del Sur.
En una región con población de muy alta movilidad, el brote puede seguir propagándose.
Es un lugar en que es sumamente difícil trabajar.
En muchas zonas, las carreteras apenas son transitables y llegar a la población en aviones pequeños suele ser complicado.
Y aunque la mayoría de los congoleses apoyan la respuesta, una pequeña minoría ha atacado a trabajadores humanitarios y establecimientos de salud.
Lo que hace que un trabajo ya de por sí exigente sea aún más difícil.
Los indicadores clave no mejoran aún como deben. La respuesta deberá mantenerse y fortalecerse durante muchos meses, que serán complejos.
Y debemos recordar que el ébola no es la única amenaza a la que se enfrenta la población de la República Democrática del Congo.
Una epidemia de ébola lo empeora todo. Hay más hambre. Se deja de acudir a los centros de salud. Aumentan las muertes maternas. Se interrumpe el tratamiento contra el VIH.
Para frenar esta epidemia, y ponerle fin, necesitamos recursos.
Hemos recibido apoyo generoso de muchos donantes. Les estamos agradecidos, pero necesitamos más.
Pedimos a todos los donantes que velen por que tanto el plan de respuesta gubernamental como la respuesta humanitaria general estén plenamente financiados.
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El ébola es otro recordatorio de la amenaza constante de brotes, epidemias y pandemias.
La próxima semana, los mandatarios se reunirán en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, para renovar los compromisos asumidos en materia de prevención, preparación y respuesta frente a pandemias.
Durante los últimos meses, los países han negociado una sólida declaración política, con compromisos para fortalecer todos los aspectos de la seguridad sanitaria mundial.
La declaración política no deja lugar a dudas: el mundo sigue sin estar bien preparado.
Se hace un llamamiento a la acción concreta, mensurable y urgente para abordar las deficiencias.
Ello significa construir y fortalecer las capacidades locales y nacionales, con vigilancia, laboratorios, sistemas de alerta temprana, prevención y control de infecciones más sólidos, y personal de salud debidamente protegido.
Significa invertir en la disposición operativa y la resiliencia de los sistemas de salud, que estén basados en la atención primaria de salud y la cobertura universal de salud y mantengan los servicios esenciales durante las emergencias.
También significa solidaridad y equidad en el acceso a productos, herramientas y recursos.
En el proyecto de declaración, los países se comprometen a ampliar la investigación y la diversificación geográfica de la producción, para poder disponer de vacunas, diagnósticos y tratamientos, y sean asequibles y accesibles en los primeros 100 días tras declararse una amenaza pandémica.
El proyecto de declaración también pide la adopción de un enfoque de «Una sola salud»;
la participación comunitaria inclusiva;
la acción contra la información errónea;
una aplicación más rigurosa del Reglamento Sanitario Internacional;
y, lo más importante, pide que la finalización oportuna del anexo sobre Acceso a los Patógenos y Participación en los Beneficios del Acuerdo de la OMS sobre Pandemias, que los Estados Miembros negocian, aquí en Ginebra, en estos momentos.
Es esencial que los países finalicen las negociaciones para el Acuerdo sobre Pandemias pueda iniciar el proceso de ratificación y entrar en vigor.
Nada de esto es posible sin financiación.
Los dirigentes se comprometen a fortalecer la inversión interior, movilizar recursos internacionales sostenibles y aplicar el Mecanismo Financiero de Coordinación en apoyo de la implementación del Acuerdo sobre Pandemias y el Reglamento Sanitario Internacional.
La reunión de alto nivel y la declaración política son importantes para mantener el compromiso político a los niveles más altos.
Pero aún es más importante lo que ocurra tras la Asamblea General, cuando los dirigentes regresan a sus países y convierten los compromisos políticos en acciones en el mundo real.
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Pasemos ahora al Yemen, donde la reciente escalada de la violencia agrava una crisis de salud y humanitaria ya grave de por sí.
Los combates han provocado un fuerte aumento en el número de bajas y desplazamientos, al tiempo que ejercen aún más presión sobre un sistema de salud ya estaba sometido a tensiones enormes.
Casi 20 millones de personas en el Yemen necesitan asistencia de salud, y los ataques contra los establecimientos de salud, la escasez de suministros y combustible, y las interrupciones en los servicios de derivación empujan el sistema hacia el colapso.
Al mismo tiempo, van en aumento los riesgos de cólera, sarampión, poliomielitis, dengue y malnutrición, especialmente entre las comunidades desplazadas que viven en condiciones de hacinamiento y con acceso limitado a agua potable y saneamiento.
La OMS apoya al Ministerio de Salud con suministros médicos de emergencia y se coordina con asociados para fortalecer la capacidad de respuesta en primera línea.
Pero el acceso humanitario sigue gravemente restringido y la falta de fondos amenaza nuestra capacidad para sostener y ampliar la respuesta.
Hacemos un llamamiento a la protección del personal y los establecimientos de salud, el acceso seguro y sin trabas para los asociados humanitarios y un mayor apoyo internacional para satisfacer necesidades en rápido aumento.
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Por último, mañana es el Día Mundial de la Seguridad del Paciente.
Este año, ponemos el foco sobre la atención segura para las enfermedades no transmisibles.
A medida que las poblaciones envejecen y más personas viven más tiempo con afecciones crónicas, garantizar una atención segura para las personas con ENT es cada vez más importante.
Los retrasos en el diagnóstico, el medicamento incorrecto, un procedimiento que no es seguro o una comunicación deficiente pueden tener consecuencias mortales.
En un nuevo análisis de la OMS se estima que aproximadamente 1 de cada 6 personas con enfermedades no transmisibles experimenta daños prevenibles cuando reciben atención.
La proporción es aproximadamente el triple que las estimaciones de daños entre las personas que reciben atención por cualquier motivo.
La atención segura debe estar integrada en cada etapa del proceso de atención, desde la prevención y el diagnóstico precoz hasta el tratamiento, la atención a largo plazo y el autocuidado.
Para que ello sea así todas las personas tienen una función que desempeñar: gobiernos, dirigentes del sector de la salud, personal de salud, la sociedad civil y los propios pacientes.
Porque si no es segura, no es atención.
Tarik, le devuelvo la palabra.